Un baño de bosque es una actividad que consiste en realizar una visita a un bosque sumergiéndose en él con los cinco sentidos,​ a fin de obtener un bienestar para la persona o un beneficio para su salud. Se trata de una práctica popular en Japón y el Extremo Oriente, donde se la conoce como shinrin-yoku (森林浴) en japonés.

Los mejores bosques de España

para practicar Shinrin-yoku

  • Bosque de Muniellos, Asturias
  • Sendero Bosque Encantado, Tenerife
  • Parque Natural Monte Aloia, Galicia
  • Faedo de Ciñera, León
  • Reserva de la biosfera de Urdaibai, Vizcaya
  • Hayedo de Montejo, Madrid
  • Parque Natural de la Serra de Collserola, Barcelona
  • Parque Natural de los Alcornocales, Cádiz
  • Parque regional del Curso medio del río Guadarrama, Madrid
  • Parque Natural de las Hoces del río Duratón, Segovia

El Jardín Japonés

Shuichi Kobari del Estudio Toyo Ito AA (Barcelona)

Exposición permanente Museo Lázaro Galdiano de Madrid

El arquitecto Shuichi Kobari llegó a Barcelona en 1989 para conocer la cultura europea de primera mano, en especial los pueblos de casas blancas del Mediterráneo en España. Comenzó a trabajar en el estudio de Ricardo Bofill y acabó por instalarse en Barcelona definitivamente. En 2002 se convirtió en el director del despacho barcelonés del Estudio Toyo Ito, otro prestigioso arquitecto japonés que ganó el premio Pritzker en 2013, y que decidió incluir a Kobari en su estudio tras haber ganado el concurso para ampliar la Feria de Barcelona. Kobari se ha convertido desde entonces en una figura traductora e intermediaria entre los modos de trabajo españoles y japoneses.

El jardín japonés trabaja los elementos existentes del lugar. No los niega ni los altera, sino solamente los pone en relación. Ninguno es ya percibido individualmente, sino como parte de un conjunto. Tomando el agua como elemento central, se establece un recorrido alrededor, que descubre los detalles, fragmentos de paisajes y relaciones entre partes diferentes en cada avance del paseo o en cada lugar de parada, descanso o contemplación. Se responde al elemento estanque con un continuo de gravilla que simboliza también el agua. De esta forma, se le da continuidad. Este conjunto se cruza en dos ocasiones: primero, para llegar al espacio engawa, de una escala más doméstica e íntima; luego, para dejarlo atrás y descubrir la inmensidad de los árboles del jardín. Tres montículos de tierra rompen la simetría axial de las formas previas y acompañan el movimiento del paseante.